El suicidio político de los Al-Assad

01/Feb/2012

La Nación, Javier Valenzuela

El suicidio político de los Al-Assad

Por Javier Valenzuela | El País
1-2-2012
MADRID.- A diferencia de su padre, Bashar al-Assad no terminará sus días siendo el anciano e inamovible presidente de la República Arabe de Siria.
Ninguno de los escenarios previsibles en ese país incluye la posibilidad de que Al-Assad y su clan logren aplastar las protestas populares, sean perdonados por la comunidad internacional y continúen en el poder como si nada. El golpe letal a la tiranía de los Al-Assad lo dio la Liga Arabe al exigir su abdicación como requisito sine qua nona cualquier salida a la crisis. La Liga Arabe llevó ayer este planteo al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
En marzo del pasado año, cuando, tras derrocar a Ben Alí y Mubarak, la «primavera árabe» llegó a Siria, Bashar tuvo una oportunidad para intentar sobrevivir.
Pero, en vez de ofrecer la libertad y la dignidad que reclamaban los primeros manifestantes sirios, se enrocó en una feroz represión que hasta la fecha ha causado más de 5000 muertes y que ha ido dando paso a lo que algunos analistas llaman «una guerra civil de combustión lenta».
Tironeado por sus familiares y socios, Bashar al-Assad escogió el numantinismo, olvidándose, sin duda, de que la resistencia de Numancia, al igual que la de Masada, terminó con una completa derrota y un suicidio colectivo.
Los Al-Assad se han suicidado políticamente y el único aporte al mundo árabe del patriarca Hafez, la república hereditaria, no tendrá continuidad en Siria. Mucho más grave sería que el numantinismo en el apoyo a los Al-Assad llevara a la minoría religiosa a la que pertenecen, los alauitas, a cerrarse un futuro en paz y libertad en el seno del mosaico sirio.
En un reciente artículo (Syrian Scenarios), el analista libanés Ramy Khoury desmenuza así las posibilidades inmediatas en Siria:
1.- Continúan tanto las protestas (las pacíficas y la cada vez más intensa resistencia armada) como la represión feroz, y se agrava la situación económica interna, hasta que algunos miembros poderosos del régimen -militares alauitas y sunnitas- dan un golpe de Estado, se deshacen de los Al-Assad y anuncian algo más o menos parecido a un proceso de democratización.
2.- Rusia, el último valedor del régimen sirio, que le permite acceso al Mediterráneo y a Medio Oriente, termina aceptando que éste no tiene futuro con los Al-Assad, así que los «convence» para que dimitan y dejen el país. Como Ben Alí, podrían llevarse parte de sus riquezas.
3.- La comunidad internacional, o una parte significativa de ella, termina implicándose militarmente en Siria con el establecimiento de una zona de exclusión aérea y de santuarios terrestres para los opositores. Esto, junto con las sanciones internacionales, terminaría colapsando al régimen.
4.- Sin golpe de Estado interno o intervención exterior, la situación actual se pudre por completo y Siria termina «libanizándose», con una guerra civil generalizada y cantonalización (sunnitas, alauitas, drusos, kurdos?). Los Al-Assad y sus apoyos alauitas podrían asentar su feudo en sus zonas montañosas tradicionales. Es, según Khoury, un escenario que no le disgustaría a Israel.
Cabría añadir otro a estos escenarios del analista libanés: Israel emprende una acción bélica unilateral contra Irán en los próximos meses y el régimen de los ayatollahs responde incendiando (con la ayuda de los Al-Assad y de sus aliados en Irak, el Líbano y Palestina) todo Medio Oriente.
Ninguna de estas posibilidades contempla que Bashar termine sus días dentro de varios años en la presidencia de un país unido y pacífico y le transmita a algún hijo o familiar la herencia que recibió de su padre Hafez.
Al año de su nacimiento, la «primavera árabe» vive el previsible bajonazo. No obstante, ya ha conseguido deponer a cuatro déspotas: Ben Alí, Mubarak, Khadafy y Saleh.
No es arriesgado imaginar que Bashar completará el repóquer. Cuanto más tarden en comprenderlo los militares alauitas, sus aliados de la burguesía sunnita de Alepo y Damasco y sus protectores internacionales de Moscú, más difícil será encontrar una solución que evite un baño de sangre a lo libanés o yugoslavo.
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